Un estudio sobre los efectos de correr una maratón en el cerebro, segundo más importante del año para la revista «Nature»
El estudio de la Universidad del País Vasco y liderado por Carlos Matute descubrió que el cerebro se come el cableado con el que se comunican las neuronas y se recupera transcurridas dos semanas.
Además de Licenciado en Física, doctor en Neurociencia, catedrático de Anatomía y Embriología Humana de la Universidad del País Vasco y de haber pasado por instituciones tan prestigiosas como el Instituto Max Planck de Química Biofísica (Gotinga) y el Colegio de Medicina Albert Einstein (Nueva York), Carlos Matute es un incansable corredor de maratones.
A sus casi 70 años ha completado 18. Sabe de primera mano el absoluto agotamiento que se siente al cruzar la línea de meta después de recorrer los 42 kilómetros y 192 metros de la prueba más mítica del atletismo, la misma que atrae a miles de runners en todo el mundo para llevar sus cuerpos al límite. Esta extenuación es la que le llevó a preguntarse cómo es posible que los corredores lleguen conscientes después de haber agotado todas nuestras reservas energéticas.
De aquella pregunta surgió un estudio que recogió el año pasado este periódico y que acaba de recibir un enorme reconocimiento, uno de los mayores que puede recibir un trabajo científico: ha conseguido el segundo lugar en el ránking Top Altmetric de Nature de 2025. «Significa que es el segundo más importante del año para la revista. Es la primera vez que lo consigue la UPV», explica Mature en conversación con este periódico.
En concreto, el trabajo se publicó en Nature Metabolism, una de las revistas temáticas de Nature, la publicación más emblemática del mundo de la investigación junto a Science. «Estamos súper encantados», reconoce el científico, que admite su sorpresa por esta medalla.
Los responsables editoriales no le habían avisado con antelación y comenzaron a desvelar los primeros diez trabajos de la clasificación en X el pasado 8 de diciembre y siguieron a un ritmo de uno al día. Hasta que ayer a las 19.30 saltó la noticia. «Carlos Matute y otros (UPV/EHU) informan de que la señal de resonancia magnética, utilizada como indicador indirecto del contenido de mielina, se reduce significativamente después de correr una maratón, pero se recupera completamente dos meses después».
La avidez del cerebro y el análisis del estudio
Lo que se esconde tras ese críptico mensaje es que el cerebro se come la mielina durante la prueba. La mielina es la sustancia que recubre el cableado que une las neuronas, los llamados axones. Su función es clave porque permite que los impulsos eléctricos se transmitan de manera rápida y eficiente entre las neuronas. La buena noticia es que sus niveles se recuperan con descanso en dos semanas.
Cuando hacemos un ejercicio prolongado, como es el caso de una maratón, la primera fuente de energía del cuerpo son los hidratos de carbono. Una vez que se agotan estas reservas, el organismo recurre a las grasas. Como último recurso, este puede descomponer las proteínas musculares. En el caso del cerebro, su principal fuente de energía es la glucosa. Su demanda es altísima: con solo el 2 % del peso del cuerpo acapara el 20 % del gasto energético.
Lo que descubrieron Matute y otros especialistas del CIC biomaGUNE, CIBERNED, Biobizkaia y Achucarro es que cuando no les llega glucosa, las células nerviosas del cerebro (las propias neuronas, de las que tenemos unos 80.000 millones, y las llamadas células gliales, que básicamente sirven de soporte a las primeras) comienzan a recurren a la mielina, medio kilo de grasa y proteínas (el peso total del cerebro es de aproximadamente 1,4 kilos).
Esto ocurre tanto en la materia gris, donde se encuentran la mayor parte de neuronas y glías, como en la blanca, en la que se hallan las conexiones que comunican las distintas partes del cerebro. El impacto es similar en los dos hemisferios. Para llevar a cabo la investigación, los científicos escanearon los cerebros de varios corredores de maratón mediante imagen por resonancia magnética.
Lo hicieron en los días anteriores y posteriores a la carrera, y dos semanas después. Pasados uno o dos días de la prueba, el equipo observó «una reducción de la cantidad de mielina en el cerebro. Como queda dicho, al cabo de dos semanas, los niveles se habían normalizado con descanso y una dieta saludable.
La importancia de este trabajo trasciende con mucho a los runners. Lo que ocurre en los enfermos de esclerosis múltiple es que el sistema inmune destruye la mielina, lo que reduce la energía que reciben los axones, que quedan desnutridos, facilitando así la degeneración. Por otras razones, también en enfermedades neurodegenerativas como el alzhéimer esta sustancia se ve alterada, tanto en calidad como en cantidad. De ahí la necesidad de intervenir lo antes posible, cuando estas patologías se encuentran en sus estadios iniciales, para tratar de paliar esta pérdida.
