A sus 80 años, don Gilberto conquista una medalla y se roba el corazón de Costa Rica
Los Juegos Deportivos Nacionales y Paranacionales suelen dejar medallas y marcas, pero de vez en cuando regalan algo más valioso: historias que inspiran. Una de ellas tiene como protagonista a Gilberto Ruiz Álvarez, quien a sus 80 años y tres meses subió al podio y se ganó el aplauso unánime del público.
El logro ocurrió en el Liceo La Rita de Pococí, donde don Gilberto obtuvo la medalla de bronce en boccia, disciplina del paradeporte que exige precisión, concentración y estrategia. Aunque nació en Tilarán, desde hace más de cinco décadas vive en Belén, cantón al que representó con orgullo vistiendo los colores rojo y amarillo.
La escena fue tan sencilla como poderosa. Mientras recibía la medalla, el adulto mayor apenas sonreía, visiblemente emocionado, mientras su teléfono no dejaba de sonar. “Me llaman mis hijos y mis nietos, están felices por la medalla”, comentó con voz pausada, agradeciendo el cariño recibido.
Su historia en la boccia es reciente. Apenas hace unos meses llegó por curiosidad a una práctica, sin saber exactamente de qué se trataba el deporte. Con el paso de las semanas le tomó el gusto, entrenó con constancia y hoy celebra un resultado que jamás imaginó alcanzar.
La competencia se desarrolló bajo la organización de la Federación de Paradesportes de Costa Rica, en el Gimnasio para Deportes Adaptados del Parque de La Paz, escenario habitual de estas disciplinas que ponen en primer plano la inclusión y la superación personal.
Las palabras de Don Gilberto
Tras la premiación, don Gilberto dejó un mensaje directo para las nuevas generaciones. Dijo que le gustaría que más jóvenes se animen a practicar algún deporte y a no ponerse límites. “Nunca imaginé estar compitiendo al lado de tantos muchachos”, expresó, con la serenidad de quien disfruta el momento.
Consultado sobre si piensa seguir compitiendo, respondió con una sonrisa y un gesto firme de cabeza que no dejó dudas: sí. Antes de retirarse, se disculpó con prisa. Debía regresar a su habitación para contestar las llamadas de sus cuatro nietos y sus hijos, quienes celebraban a la distancia una hazaña que ya es motivo de orgullo familiar y nacional.
Desde el movimiento paralímpico, el mensaje es claro. Según explicó Andrés Carvajal, presidente del Comité Paralímpico Nacional de Costa Rica, en el paradeporte no existen límites de edad, ya que lo que se evalúa es la funcionalidad de la persona y no los años que tenga.
El regreso de don Gilberto a Belén promete ser especial. Más allá de la medalla, su participación se convierte en un recordatorio poderoso: el deporte también es un espacio para soñar, aprender y competir, sin importar la edad. Su historia confirma que, cuando hay ilusión, nunca es tarde para empezar.
