Correr descalzos: los pro y las contras
Correr descalzos se volvió tendencia. Lo cierto es que muchos dicen que es la forma natural, o que el hacerlo evita que nos lesionemos, o que el cuerpo está diseñado para ello.
Lo cierto es que ver correr a alguien nos remonta a la épica marcha del etíope Abebe Bikila, ganador de los Juegos Olímpicos de Roma en 1960, que ganó la medalla de oro corriendo sin calzado.
A pesar de ello, es interesante informarse de acuerdo a lo analizado por la ciencia, en medio del debate sobre si es una práctica saludable o un riesgo innecesario.
El por qué genera tanta confusión
En las últimas décadas, el salir a correr sin calzado se volvió a poner de moda y cada vez, más gente suele simplemente realizar sus entrenamientos o carreras descalzos.
Y como ocurre con diferentes temas, aparecen aquellos que defienden de manera apasionada la situación, como también están los que critican el hecho.
A pesar de ello, aunque esto sea «natural», también es cierto que teniendo en cuenta el contexto actual, no necesariamente es lo más adecuado.
La defensa
Los que defienden el correr descalzos argumentan principalmente que el ser humano evolucionó con el paso del tiempo andando descalzo, por lo que el pie es una máquina perfecta para hacerlo.
Esto es cierto, ya que durante miles de años, el hombre caminó y corrió sin calzado. Incluso hay regiones en el mundo en donde la gente sigue corriendo descalza.
Por ello, es que hay un sector de runners que están a favor de hacerlo, apoyándose en la naturalidad con la que se hacía en los inicios de la humanidad.
El uso del calzado
El hábito de proteger los pies no nació por una necesidad biomecánica del cuerpo, sino por una razón concreta: evitar cortes, lastimaduras o enfermedades.
Hay aspectos que antes no existían o no eran tan habituales, tales como el vidrio, asfalto, metales en la calle, o superficies duras, como un entorno completamente diferente al de tan sólo cien años atrás.
Es por eso que para explicar los motivos que nos llevaron al cambio, la respuesta no está en ver como se movía el ser humano antes, sino cómo (y mejor dicho, dónde) lo hace en el presente.
Las ventajas de correr descalzo
El correr sin calzado tiene varios puntos a favor:
- El salir a correr descalzo hace que el cuerpo evite el apoyo excesivo con el talón, lo que hace que la pisada sea un poco más inclinada hacia delante.
- Al pisar con la parte de adelante, el mediopie y el antepie impulsan el cuerpo hacia delante y actúa de manera más reactiva. Esto también hace que el cuerpo tenga una mejor amortiguación.
- El pie trabaja con total libertad, sin interferencias. No hay estructuras que condicionen la pisada, ni correcciones artificiales.
- Mejora la propiocepción, como el control de movimiento.
Las desventajas
Así como hay aspectos positivos, el correr sin calzado también tiene puntos negativos y que traen cierto riesgo:
- La mayoría de los suelos en los que corremos, a diferencia de tiempos anteriores, no están preparados para correr descalzos. El asfalto y el cemento son superficies duras, con un mayor impacto directo sobre los tobillos, rodillas y caderas.
- La planta del pie no se adapta de un día para otro, por lo que se lastima e inflama, como también se puede generar sobrecargas importantes.
- La postura, al correr descalzo, hace que debamos mirar al suelo para evitar pisar mal o esquivar objetos, lo que genera romper la forma de carrera, con la mirada al frente y eje corporal alineado. Esto puede generar molestias cervicales y en la espalda.
¿Qué dice la ciencia sobre correr descalzos?
En cuanto a los estudios de la Ciencia respecto a correr sin calzado, hasta el presente no existe evidencia científica sólida que demuestre que correr de esta forma sea más positiva que hacerlo con zapatillas.
Por eso, si se quiere correr descalzo, lo mejor será respetar una regla fundamental: la de adaptarse de manera lenta y ordenada, endureciendo la piel y fortaleciendo la zona.
Además, será importante hacerlo en superficies seguras, como césped, arena blanda o tierra firme, empezando de a poco. Por ello, no es ni bueno ni malo, y puede servir para determinados contextos, pero usándolo con criterio.
